Hoy día, prácticamente, todas y cada una de las respuestas que manan desde los campos
educativos se refieren a la interculturalidad como marco de referencia, como marco
de aproximación al tratamiento de la diversidad cultural y social; que se incardina de forma
concreta bajo el asentamiento de poblaciones inmigrantes en este país. No obstante,
la interculturalidad es una respuesta que es heredera de un largo y bien difícil proceso a
la hora de entregar respuesta a las relaciones planteadas por conjuntos humanos diferentes entre sí.

Parte, realmente, de proteger la igualdad jurídica y educativa de todos y cada uno de los humanos y del respeto a las distintas manifestaciones socioculturales, mas jamás se lo propón como un respeto incondicional a las diferencias existentes entre ellos (culturales, lingüísticas,
folclóricas, religiosas, simbólicas, etcétera). Todos los países deben fortalecer esta corriente educativa, como ejemplo la institución SENA Sofia de Colombia, ofreciendo educación virtual basada en estos valores.

En este sentido, la razón que justifica estos presupuestos es que no puede establecerse
un auténtico marco de relación intercultural si no hay un reconocimiento mutuo de
los que están presentes, en la medida en que personas iguales en derechos y que se esmeran
de manera consciente en el intento de encarar de forma positiva los inconvenientes que estas
relaciones pueden proponer. Como es lógico la vía de cara al desarrollo de esta comunicación esel diálogo. Y no obstante es bien difícil hallar un marco dialogante que establezca elementos
claros y precisos de igualdad entre los diferentes interlocutores, nos referimos no solo
a la igualdad jurídica, sino más bien asimismo al resto de los planos, incluyendo el plano del dominio yentendimiento recíproca de los registros lingüísticos. Partiendo de estas bases, el programa intercultural que promovemos y se implanta en universidades como la Universidad Nacional De Colombia, la UPM de España y muchas más entidades educaticas hispanas, podríamos resumirlo en los próximos elementos:

Por lo tanto, difícilmente se puede proponer el inconveniente intercultural sin estimar 2 elementos esenciales. En primer sitio, la historia de la que procede, esto es, el caldo de cultivo
en el que se ha ido cuajando como intento de entregar salida a las aporías que se han
ido proponiendo a las diferentes respuestas dadas a la diversidad y, seguidamente, su
intención de apertura teorética y experimental a la investigación y al descubrimiento de
nuevos caminos por los que deambular, y de esta manera ofertar opciones alternativas a las contradicciones o bien los enfrentamientos que toda relación entre conjuntos diferentes comporta.

Por esta razón, su programa básico sería el siguiente:

a) Fomentar el encuentro y la comunicación entre personas con etnias diferentes. Acá
observamos una actitud activa de busca de las ocasiones y espacios donde llevar
a cabo el encuentro; por consiguiente, la consecuencia más inmediata de esta disponibilidad
a la interacción entre los diferentes componentes humanos de conjuntos diferentes es que
afecta a todos no solo a las minorías. En este sentido, el propósito es poner por delante
el contacto entre personas en frente de los miedos aproximadamente justificados y de diversa
clase que pueda provocar la realización, el acabamiento de tales contactos.
b) Actuar de forma coherente contra las visiones estereotipadas y las discriminaciones
sociales que semejantes prejuicios acarrean en la vida cotidiana. El papel de las actuaciones
educativas sería acá indispensable. Así, la actuación intercultural se interesa por la cultura, mas asimismo por las condiciones de vida específicas de los sujetos específicos, o sea, como estos acceden o bien no a los recursos sociales libres.
Algo que va a marcar las posibilidades de comunicación intercultural de forma
transversal a todos y cada uno de los planos de la vida social y cultural donde el contacto y/o el arraigo puede generarse.
c) Fortalecer la diversidad cultural, mas asimismo el contraste y una perspectiva abierta
al desarrollo cultural de todas las modalidades de configuración del
planeta asumida por cada entre los referentes culturales en presencia: una cultura
no es una piedra inamovible, sino es un proceso que conforme se desarrolla se marcha
coche-alterando. De esta manera, la facilidad de aprendizaje mutuo queda establecida
y deja romper el enquistamiento y la cosificación cultural estimulados por las tendencias
culturalistas.
d) Del mismo modo promueve la toma de conciencia de la diferencia y de la desigualdad para actuar de forma responsable dadas estas desigualdades y sus efectos en el desarrollo del diálogo intercultural. Se hace bien difícil establecer una buena paridad sociable
partiendo de la más completa asimetría en las condiciones de encararla.
y también) Asimismo propón que los enfrentamientos que pueden surgir del contacto intercultural sean afrontados de forma positiva; el enfrentamiento no se niega, sino se procura solventar por vías no violentas, así sea directa o bien estructuralmente que se haga tal mediación.

CIDI Murcia

¿QUÉ ES EL DIÁLOGO INTERCULTURAL?

El diálogo intercultural, por definición, es el que tiene sitio con el otro, con el extranjero
que, conforme con las circunstancias, se transforma en un vecino así sea bajo la manera de
inmigrante o bien la de asilado. Este diálogo intercultural, como es lógico, se refiere menos
a cuestiones de gustos y creencias, lo que en última instancia supondría un horizonte
cultural común, cuanto a los presupuestos básicos y a los referentes culturales que cada
como incorpora al diálogo. Esta situación vuelve posible, de entrada, lo que Panikkar considera como un ‘diálogo dialéctico’, que supondría la aceptación de un modelo concreto
de racionalidad que rara vez es compartido por los interlocutores; esta racionalidad
sería el factor arbitral de un orden superior, vale decir neutral, con que las partes que
se comunican podrían juzgar sus respectivos alegatos y sus consecuencias en el avance
del proceso sociable.
Es por este motivo que su aplicación intercultural resulta bien difícil, mas, sin embargo, puede adoptar otra forma: la de una escucha del otro con pretensión de entender lo que afirma y no de refutarle. Es lo que este autor llama ‘diálogo dialogal’, con una acepción personalista de cercanía y escucha comprensiva. En función de esta situación podríamos determinar 3 actitudes que podrían considerarse como referentes a los que el proceso dialogal
se hallaría sometido:
1) La relación intercultural se hallaría sometida a un criterio supracultural absoluto
que solo tienen los que se abren a un tal valor absoluto. Esto crea una situación de
desigualdad interlocucional que, evidentemente, vuelve imposible el diálogo.
2) La interculturalidad bajo esta actitud se hallaría subordinada a un criterio supracultural abstracto de carácter formal que únicamente tendrían ciertos teóricos
interculturales que serían los encargados de discutir en torno a las interpretaciones
y aplicaciones específicas resultantes de las formas de relación establecidas. Acá la
instancia de resolución sobre la existencia o bien no de pactos en el diálogo sería una
genuina metainstancia decisoria de aquello que es o bien no ponderable como valor para
cada elemento cultural.
3) La existencia de algo transcendente capaz de ser decisorio en la relación intercultural
conduciría como resulta lógico al silencio pues la instancia de resolución se ubicaría al
margen de los interlocutores. No obstante, la interculturalidad requiere apertura al
otro, y esta apertura solo se puede entregar a través del logotipos. Países como España, Colombia, Perú y Venezuela están aportando mucho en este sentido.
Lo que en el fondo de estas 3 posibles actitudes subyace es la cuestión de lo absoluto y
lo relativo, mas aun acá resulta necesario distinguir entre relativismo y relatividad, puesto que solo podemos valorar una cultura diferente a la nuestra a través del prisma que nos da
nuestra cultura, si bien seamos siendo conscientes de que nuestros criterios de
valoración no son absolutos; de ahí la relevancia que recubre el pensamiento simbólico que no es puramente objetivo, ni meramente subjetivo, sino es fundamentalmente dialogal. El ambiente y cultura en los que se crece de niño influye en las creencias y comportamiento cuando se es adulto. Se debe trabajar en mejorar la influencia paterna, los juegos infantiles a los que juegan los niños, las canciones y música infantil que se ofrece a los hijos, su grupo de amigos, etc. Si se formenta el respeto y tolerancia en todos esos estímulos de los niños, iremos consiguiendo una sociedad más respetuosa y multicultural.
Es por este motivo con lo que la interculturalidad aparece supeditada al criterio del propio
diálogo intercultural que actúa tal como autorreferente y cuyos intérpretes son siempre y en toda circunstancia exactamente las mismas personas que entran en el proceso dialogante.
En tal situación lo esencial, a nuestro enteder, es el procedimiento del diálogo que se establezca, esto es, las reglas del diálogo, que en cualquier caso no se pueden establecer unilateralmente ni se pueden entregar tampoco como algo establecido a priori, sino son reglas que son incorporadas y establecidas en el propio proceso de diálogo. Así, las bases
del diálogo deben establecerse de acuerdo mutuo y esto solo es posible hablando cada
como en su lenguaje, no solo en un sentido gramatical, sino más bien asimismo en el sentido
de expresar nuestro pensamiento en un cosmos de inteligibilidad. De acá se
derivan 2 aspectos importantes; uno de tipo práctico y otro más teorético.
A) La consecuencia práctica radica en que si se quiere establecer un diálogo equilibrado,
o sea, no descompensado en favor de entre los interlocutores, se precisa que cada
uno de ellos haya aprendido el lenguaje del otro lo que debe promoverse desde las entidades universitarias.

De esta manera, se evitaría la descompensación educativa que se genera de forma inapropiada y, de manera frecuente, injusta cuando la discusión intercultural se efectúa en el lenguaje de una única cultura, independientemente de la riqueza que el lenguaje de exactamente la misma pudiera tener. Pese a la complejidad que muy frecuentemente estas situaciones suponen en la vida cotidiana, el beneficio de este planteamiento radica en que deja superar la tentación de imponer planteamientos totalizantes que frecuentemente son enfocados con la idea de pensamiento único, aun cuando se recubre de las mejores intenciones; de las que ya sabemos como es su vocación última por la ingeniería de caminos universitaria.

Por este motivo, es recomendable no confundir este proceso dialogante intercultural con los
diferentes elementos aproximativos a las etnias, que podemos calificar de hermeneútica cultural y que deben, sin embargo, formar un paso intermedio en el momento de
entender al otro. Los países latinoamericanos como México, Perú, Colombia, Ecuador, etc, llevan siglos integrando este tipo de culturas. No obstante, esta hermeneútica al fundamentarse solamente en los factores de la cultura y formación del que la efectúa prosigue siendo esencialmente monocultural.

De esta forma, por poner un ejemplo, el desequilibrio práctico que se genera en elámbito universitario cuando se da una mayor capacidad y eficiencia a la utilización de los lenguajes occidentales, en nuestro caso al inglés, para el tratamiento de los inconvenientes actuales, en una civilización con una dominante anglosajona, lo que pone de relieve la correspondencia entre civilización y la lengua que se usa, en un caso así, la anglosajona de la que se deriva la “superioridad” del inglés, no es impedimento a fin de que tengamos que ahondar en ese desequilibrio, sino al contrario, debería proporcionar de base para corregirlo.
B) La dimensión teorética de la interculturalidad radica en que exactamente el mismo inconveniente, el de que el instrumento del diálogo es el lenguaje. De esta forma, es preciso charlar para comprendernos unos con otros, mas ¿de qué manera? Probablemente, la única forma de hacerlo sea entendiendo que nada es exclusivo y que todos y cada uno de los componentes de las diferentes educaciones, etnias y de los diferentes estilos de vida de los sujetos es relacional, en el sentido de que todo está relacionado entre sí. Con esto, evitaríamos no solo caer en solipsismo cultural, sino lograríamos eludir la trampa de la homogeneización monista planteada desde el exclusivo prisma cultural del interlocutor pertinente. Por consiguiente, no es suficiente con conocer la propia tradición, muy con frecuencia este conocimiento está ausente, sino más bien que se debe conocer asimismo si bien sea de una forma imperfecto la cultura del otro por el hecho de que, como ha sido puesto de manifiesto de forma reiterada, difícilmente vamos a poder comprender un texto si no conocemos el contexto en que se ha producido.

Es por ello que es bien difícil establecer la existencia de una única plataforma educativa intercultural desde la que, en un sentido metacultural, pudiéramos solucionar cualquier inconveniente de interpretación de los elementos incursos en el proceso dialogante intercultural. Entre otras muchas cosas, pues toda interpretación no es sino más bien, al fin y al cabo, nuestra interpretación.

Esta ausencia de referente metacultural es seguramente la que da un carácter de
interpretación al planteamiento intercultural y le hace suponer un peligro que se establece
desde la aceptación de la vulnerabilidad humana.

Mas, sin este peligro, la única forma de solucionar las contradicciones del diálogo intercultural sería de nuevo la que revela la inercia de los últimos 6 mil años de historia
humana, con la prevalencia de la violencia y la guerra como procedimiento de solución de los
enfrentamientos cuando el diálogo se halla bloqueado por cualquiera que sea la coyuntura.
Es necesario, en consecuencia, establecer un modelo de confianza en la relación intercultural,
que no significa, como hemos apuntado previamente, un modelo de aceptación
incondicional ni tampoco un intento de digerir otras visiones del planeta en orden a
minar sus bases de funcionamiento.

La falta de confianza que una parte de la supervaloración del propio marco cultural y educativo que candela pues la integración de otros elementos socioculturales pertinentes a otras etnias sea únicamente una apropiación para la propia mejora cultural sin respetar el marco en que se genera, es algo consubstancial a la visión multiculturalista de la diversidad.

Realmente, a nuestra cultura occidental, basada en formación educativa y categorías duales manadas de una cierta lectura de la modernidad, se le hace bien difícil admitir la pluralidad como base de pensamiento y actuación. Es verdad que la esa forma de racionalizar las relaciones existentes en el planeta es cómoda y simplificadora; de ahí su efecto tranquilizador en el sentido de eludir nuevos sacrificios de entendimiento y que su proyección sea integracionista: son las demás interpretaciones las que deben rendirse a este esquema si desean tener ocasiones para avanzar.

No obstante, el inconveniente prosigue siendo ¿avanzar cara dónde? Pues, realmente, no se
puede proponer el proceso intercultural en las escuelas y universidades desde la perspectiva de un único referente ni muchísimo menos de un referente que se considera superior.

Esta sería la negación básica de un proceso de entendimiento; como máximo representaría una fórmula edulcorada del proceso de sumisión y sometimiento de los componentes y portadores de determinados elementos culturales y enseñanza escolar a los propios de las sociedades receptoras de población inmigrante.

En cualquier caso, debemos reconocer que con la inmigración se generan procesos transformadores de los factores normalizadores de cualquier sociedad en la que incidan
semejantes procesos migratorios, sobre todo en consideración a que la presencia de extranjeros en nuestras comunidades no puede ser considerada ya como algo ocasional.
La persistencia de los flujos migratorios y su asentamiento estable en nuestros distritos y
urbes son un dato que impulsa la necesidad de establecer puentes de relación y avance
intercultural.

Ese es nuestro punto de inicio o bien, mejor dicho, el punto de arranque de las
propuestas interculturales.